Una apuesta clara y personificada, de observar la moda de un punto de vista unico.

lunes, 23 de julio de 2012




Fanequeras en Galicia, Pulpo o Nailas en Canarias, Tutti Fruti en Venezuela, Méduse en Francia, Skippy en Argentina, T-Bar en Australia o Jelly Sandal en EE UU. Las también llamadas Calamar han acompañado nuestros infantiles pies desde 1946. El cuero era en esa fecha un material de lujo tras la II Guerra Mundial y un francés de nombre Jean Dauphant se inspiró en las sandalias de los pescadores para crear un calzado de plástico económico y versátil. Lo de menos es que fueran incómodas, te sudasen los pies, la hebilla metálica se clavara en el tobillo y el meñique y el pulgar se salieran por las mismas rendijas por dónde entraba la arena, las piedras y la suciedad que teñía geométricamente tu empeine. Eran baratas, de colores y no había que lavarlas. Un triunvirato argumental imbatible que convirtió las cangrejeras en el must estival de cualquier madre durante décadas.

Aunque la variedad cromática era amplísima, en los 80 las de niña eran transparentes y las de los niños eran de color carne. Si tenías suerte podían ser rosas o azules. Eso era todo. Igualitarismo pédico. Desde entonces diseñadores como Louboutin, Moschino, Vivianne Westwood, Valentino o Gaultier les han añadido tacón y strass para llevarlas del río a las pasarelas y aunque han cedido su trono playero a las flipflop y su espíritu se ha reinterpretado en esa aberración llamada Crocs, las cangrejeras originales se han subido a la ola retro para volver a la calle.

Si por extraño que parezca no las aborreciste durante tu infancia, tienes menos de 26 años y te crees lo suficientemente atrevido como para defenderlas bien junto a tus shorts flúor, adelante. Eres un moderno. Este es el único otro caso donde siempre será mejor la goma que el cuero. Osado sí, romano no. Si tienes más de 30 y te las pones, no habrá nada que hacer porque seguramente llegues a España en low cost, seas fan de Camilla Parker Bowles y te las pongas con calcetines. Up to you. Si tienes dudas... pregúntale a tu madre. Siempre va a tener razón. Aunque sea con 20 años de retraso.
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